Las dos caras de una moneda @AReyesVigueras


México.- Hay ocasiones en que es difícil comprender determinada coyuntura. Por ejemplo, si bien es complicado defender a un mandatario como Nicolás Maduro, también es espinoso comprender que gana nuestro país enfrentando a su gobierno, en especial en foros internacionales.

A este respecto, las redes sociales poco ayudan a entender en su verdadera dimensión un problema como este, pues las voces sensatas son acalladas por los gritos de los fanáticos.

Entre la gritería

Si hay un tema complejo para abordar en la prensa es el relativo a Venezuela. No sólo hace falta información objetiva acerca de lo que verdaderamente está pasando en dicha nación, sino que para revisar los acontecimientos uno debe estudiar si quien emite opiniones o presenta algunos datos realmente lo hace desde una posición imparcial o si es parte de un grupo con intereses específicos.

Veamos las partes de este conflicto. Nicolás Maduro es alguien difícil de entender en la posición que asume, una muy cercana a ciertos fanatismos que no admiten opiniones contrarias y que es poco tolerante. Pero no tenemos información directa de lo que él piensa en realidad acerca de lo que dicen que sucede en su país.

Pocas veces he escuchado alguna declaración suya que trate, con tranquilidad, de exponer lo que realmente está pasando en aquella nación con datos duros y objetivos. En lugar de eso, recurre a la proclama, a la frase propagandística y sus partidarios repiten sus lemas como si fuera obligación.

En resumen, un personaje difícil de defender, pero al que se le debe dar espacio.

En la otra cara de la moneda, tenemos al gobierno mexicano, el cual ha emprendido algunas acciones en contra de Maduro y compañía. El problema, además de las críticas internas que recibe por la desatención a los temas locales como la inseguridad, es que no es constante, es decir, actúa por los atentados en contra de la democracia en Venezuela, pero no dice nada de lo sucedido en Turquía o en otras latitudes. Tampoco se ha informado porque Venezuela ahora es una prioridad, dado el activismo mostrado, para nuestra política exterior.

Luego tenemos a los activistas de ambos bandos, quienes en redes sociales muestran una inusitada labor para tratar de posicionar sus posturas y atacar las contrarias.

Esto ha llegado a niveles de insulto, incluso, cuando no de ataques en contra de quienes opinan distinto. Si nos guiamos por lo que se publica en redes sociales, sólo hay dos posturas que asumir: defender a ultranza al gobierno de Maduro, porque es lo mejor que le pudo haber pasado a Venezuela y sería deseable que se importará el modelo a México, o se piensa que es un dictador bananero que está matando a la democracia y a los venezolanos, por lo que hay que cerrar la puerta a sus imitadores locales.

Para agregar más elementos de confusión, tenemos algunos personajes en redes sociales que bajo la figura de columnistas lo mismo defienden a Maduro que a Donald Trump.

Es evidente que ante tanta información que pulula en redes sociales y con tantos actores que aportan posturas o datos a un tema como este, lo único que no se puede saber con certeza en que diablos en realidad está pasando allá.

Algo similar sucede respecto a algunos de los aspirantes a la candidatura presidencial de 2018.

Sus partidarios difunden las notas, encuestas o entrevistas que les son favorables, callando con relación a las que no les son favorables, en medio de una dinámica en la que los ataques a los adversarios son la constante.

Contar con información objetiva que provenga de medios serios empieza a convertirse en una verdadera hazaña, pues ahora también tenemos a comunicadores que más que ejercer el periodismo son parte de un activismo a favor de una causa o precandidato determinado.

Para el público, esto representa un problema, pues la mayor parte de las veces estos comunicadores no informan de sus simpatías políticas, de sus relaciones laborales o convenios con los precandidatos, por lo que sus opiniones pasan a formar parte de la información que consumen los usuarios de redes sociales quienes las consumen acríticamente.

Así, hay temas en los que para poder apreciar las dos caras de una moneda se necesita hacer un verdadero esfuerzo para distinguir los datos que son filtrados con una intención política de la información que ayudaría a entender lo que está sucediendo.

Pero con el alud de información que tenemos en la actualidad, esto es algo casi imposible de hacer.

Del tintero

Y también hay considerar el aumento en el número de portales de Internet y de cuentas en redes sociales que se dedican a “informar”, en un crecimiento que sólo ayuda al caos informativo.

 

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